Artículos Técnicos
Lechería
El desafío profesional ante un futuro lechero diferente
La actividad lechera está cambiando, en el mundo y también en nuestro país. Los tambos son cada vez menos y con mayor cantidad de vacas en ordeño. El número de vacas por operario es cada vez más alto.
   Los sistemas serán más estables, con más vacas encerradas, con un predicamento mayor de una nutrición cada vez más balanceada, más completa y también más cara. Con mayores problemas metabólicos, de gerenciamiento y manejo de personal y una tremenda importancia de la contaminación ambiental y manejo de los efluentes.
   Las tendencias en la industria lechera en los últimos 25 años pueden ser mejor descriptas con una palabra: “CAMBIO”. Aunque el cambio no asegura necesariamente progreso, el progreso siempre requiere cambios (Henry Steele Commager).
   La pregunta que me y les hago es “¿CUÁNTO HEMOS CAMBIADO NOSOTROS EN NUESTRO TRABAJO?”
    A veces pienso que no demasiado, cuando trato de revisar nuestro propio pasado.
   ¿Qué hacíamos hace más de 35 años?
   • Palpábamos 2-3 veces por año
   • Tal vez evaluábamos porcentajes de preñez sobre lo tactado.
   • Comenzábamos a mirar extasiados cuántos servicios por preñez gastábamos por vaca preñada o qué porcentaje de ellas se preñaba en el primer servicio posparto.
   • Discutíamos con los pocos proveedores de semen sobre la calidad del mismo y le echábamos la culpa a los pobres toros y/o a quienes procesaban el semen, de toda nuestra pobre reproducción. A veces teníamos razón pero a la luz de lo que fuimos aprendiendo después, muchas veces nos equivocábamos.
   • Nos preocupábamos más por los problemas sanitarios del rodeo.
   ¿Cómo eran los datos de eficiencia reproductiva en aquel entonces? Por lo menos desde 1990 para acá. Mucho antes no teníamos ni idea ni nos preocupaba cuántos días pasaban desde el parto hasta la concepción, y menos aún evaluábamos la detección de celo. En los gráficos que siguen vemos la evolución de algunos parámetros para un campo tipo de nuestra casuística. Y allí vemos cómo los índices han ido desmejorando con el transcurso de los años.
   
   

   
   

   
   Pero a fines de la década del 80 llegó la computadora y con ella el software necesario para “solucionar” los problemas reproductivos. Y nos entusiasmamos y entramos de lleno en la cibernética para tratar de solucionar nuestros problemas reproductivos que empezaban a ser crecientes y así aparecieron decenas de programas de todo tipo (y aun hoy siguen apareciendo con sus errores de interpretación y de fórmulas…)
   Podemos enumerar así a Protambo, Máster 2.5 , DairyComp 305, DHMS , Syscord Tamb, Dairyplan C21, ALPRO, Gestambo, Sistamb, Dairywin, Aurora, Visualtambo, Infotambo, etc., etc.
   ¿Cuántas veces conocemos claramente cómo funciona cada programa? Muchas veces creemos a pie juntillas la información que el software provee, aunque esté plagada de errores. Y ¿cuántas nos sentamos a trabajar con esa base de datos y tratar de analizar cómo le va al tambo en cuestión? Y no sólo en reproducción. Antes nos arreglábamos con un cuaderno cuadriculado y una simple planilla borrador. Sigue siendo válido para tambos chicos, pero muchas veces ni así los usamos. Hoy es imposible pensar ser eficiente en un análisis sino contamos con una herramienta electrónica. ¿Cuántos de nosotros nos sentamos a analizar procesos? ¿Cuán capacitados estamos para no cometer errores de omisión y por ello, tomar acciones equivocadas?
   Hay que tener en cuenta que sin información no se puede medir; que sin mediciones no se puede saber dónde estamos y que si no sabemos dónde estamos, no podemos conocer a donde queremos ir.
   Y entonces, ¿qué hacemos hoy, 35 años más tarde?
   • Palpamos todas las semanas, muchas veces casi tantas vacas como las que tiene el tambo en ordeñe...Empezaron a parir y ya estamos con la mano en el recto.
   • Aplicamos cuanta hormona hay en el mercado tratando de que eso sea lo que defina el sistema y sus resultados. No importa si esta flaca o gorda, Progesterona tiene que haber!!
   • Tratamos de definir preñeces lo más temprano que podamos con ecógrafos (24 días si es posible-y no está mal pensando en retornar a servicio rápido las vacías), pero ni tenemos en cuenta las pérdidas ulteriores que nos limitan esa idea…
   • No tenemos ni idea de por qué se mueren las vacas ni las buenas necropsias son parte de nuestro servicio profesional.
   • Empezamos a tomar conciencia de la importancia de la detección de celo en la problemática reproductiva, pero no nos animamos a usar tecnologías de ayuda, muchas veces de costo bajo en función de resultados, pero sí estamos atentos a la aparición de sistemas electrónicos de alto costo pero impactantes a los ojos de algún productor (Heat Watch, podómetros, etc).
   • Seguimos, con poco o mal uso de la información.
   • Y las vacas ¿cómo se van preñando? Cada vez peor!!
   
   

   
   ¿No debería eso hacernos pensar en que algo debemos cambiar? Es obvio que no somos responsables de la merma en la eficiencia reproductiva de las vacas. Pero algo hay que hacer para mejorar nuestro servicio.
   Y lo primero debería ser una autocritica de nuestra relación con la Empresa lechera. Estamos absolutamente direccionados hacia la reproducción y eso es sólo una parte, importante sí, pero una parte del resultado final de aquella.
   Una de las razones por la que las vacas no se preñan es su bajo estado corporal. ¿Cómo es la relación de los veterinarios con la nutrición de los tambos? ¿Qué sabemos de qué, cuánto y cómo comen nuestras asesoradas? ¿Qué relación tenemos con los nutricionistas que colaboran o nos suplantan a nosotros? ¿Qué hemos hecho para capacitarnos en el pasado en este tema y qué estamos pensando hacia el futuro? Aquí la Universidad tiene una gran deuda con el sector porque si observamos la duración de los cursos de nutrición, por lo menos en la UBA, 6 clases no ameritan un conocimiento suficiente para que un egresado pueda hacer frente a un problema nutricional de un rodeo lechero o cárnico al graduarse meses más tarde. Tiene que ver con qué profesional queremos tenga el sector en un futuro que ya es un presente.
   La calidad de la leche producida debería ser otro punto a tener en cuenta en nuestra preocupación como colaboradores del sistema lechero. Hoy, en general, es un tema que nos roza. Pero cada vez más tendrá un peso marcado en el valor de lo producido y no sólo por lo que se le paga al productor sino porque el consumidor lo va a pedir. El uso de BST (somatotrofina bovina) está disminuyendo en USA por la presión de los industriales que ven retroceder las ventas de productos que puedan contener esa hormona, aunque esté demostrado que no es un problema para el consumidor.
   Los tambos del mañana (y de hoy) necesitarán de vacas eficientes para transformar en leche de calidad lo que le den de comer. Eso sólo se logra con genética. En general no ha sido nunca una preocupación de los veterinarios asesores. Los productores compran el semen que el proveedor les vende. Y debe ser una necesidad involucrarnos en ese aspecto porque ya la fertilidad y los temas sanitarios, más allá de los fenotípicos y productivos, forman parte hoy de la preocupación de muchos genetistas y puntos como: índice de merito neto, ERCR, fertilidad de las hijas, facilidad de parto de toros e hijas, vida productiva, score de células somaticas, etc, forman parte del arsenal informativo de las pruebas de progenie del semen disponible en el mercado. No debemos estar ajenos a ello y colaborar en la elección del material genético a utilizar. Para eso debemos capacitarnos sin demora. Conocer qué son y cómo usar las pruebas de progenie disponibles.
   Por último no olvidemos que quienes en definitiva ejecutan la mayoría de las acciones que hacen a la producción de leche, son personas muchas veces sin capacitación (no sin capacidad). Hacia ellos deben enfocarse nuestras miradas si queremos que los resultados sean los esperados. Escucharlos, enseñarles, gratificarlos adecuadamente, deberían ser ya funciones a tener en cuenta. Los tamberos serán los enfermeros del veterinario (con protocolos escritos). Los manuales de procedimientos, tal cual se implementan en las grandes industrias, deberán usarse en forma estricta. Aún en nuestras propias prácticas podremos ser reemplazados en un futuro (ya lo es en muchos mega tambos de los países desarrollados) y así veremos en las grandes lecherías gente común parteando vacas, sacando sangre, palpando gestaciones de 40 días e incluso usando ecógrafos. Y no deberemos sentirnos mortificados por ello, porque tal vez seremos nosotros quienes seamos los que enseñemos a hacerlo, para dedicar nuestro tiempo a analizar más profundamente la problemática de la empresa relacionada a nuestra actividad. Sus costos, sus implicancias sanitarias, su relación con el medio deberán ser motivo de análisis frecuente y rutinario.
   Nuestra relación con la empresa lechera no puede ni debe pasar sólo por el uso de la IATF, uso de semen sexado y transferencia de embriones. Menos aún por el uso de ultrasonografía. Son todos medios excelentes que la tecnología puso en nuestras manos para hacer tal vez (no siempre) mejor nuestra práctica profesional. Pero eso solo no es lo que el productor lechero eficiente necesita de un profesional veterinario.
   Los productores de punta van hoy, aún en la Argentina, muy por encima de la formación que hemos recibido como técnicos y lo que más me preocupa, es que las nuevas camadas de veterinarios tampoco tienen una visión realista de lo que está pasando en el medio. Un esquema de lo que está pasando podría ser:
   
   

   
   Urge que las Universidades tomen conciencia de ello para que los CAMBIOS, que son lentos en su desarrollo, pero que nos guste o no, llegarán, no las pasen por arriba. Deberán incorporar asignaturas relativas al manejo de grupos, formación de equipos, economía, temas que deberán ser tan importantes en la asistencia profesional de sistemas lecheros como el manejo sanitario y reproductivo.
   Si hacemos lo que siempre hicimos estaremos siempre en el mismo lugar. (Tom Furhmann. (AABP Congreso 1994). Algo es seguro: el futuro va a sacar de la zona de comodidad a los sistemas lecheros actuales, pero eso también nos va a pasar a los veterinarios que trabajamos en ellos. Está en nosotros, en nuestro conocimiento actualizado, en nuestra imaginación y ganas, que ello no ocurra.
   Como dijo William Goodgear alguna vez: la persona que primero identifica un problema puede ser llamada primero a solucionarlo. Esa persona no necesariamente será un veterinario.
   
   Roberto García Bouissou (Méd. Veterinario. Asesor privado)
   Conferencia dictada en las Cuartas Jornadas Taurus de Reproducción Bovina “Integrando la tecnología con el servicio profesional”, USAL, Pilar 11 y 12 de septiembre de 2008.

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